«El conflicto entre la necesidad de pertenecer a un grupo y la necesidad de ser visto como único e individual es la lucha dominante de la adolescencia» J. Elium
La adolescencia es una de las etapas más complejas del desarrollo e importantes de la vida. Es el momento de transición entre la infancia y la adultez, en la que se conforma gran parte de la personalidad y que resulta determinante para el desarrollo posterior como adulto. Se caracteriza por cambios constantes y los conflictos que éstos acarrean: un cuerpo que se desarrolla, cambios hormonales que afectan a las emociones, cambios cognitivos que comienzan a permitirnos una mayor conciencia del mundo que nos rodea, aumento de las responsabilidades, presiones académicas, primeros noviazgos…
En esta fase también se produce una búsqueda por la identidad propia, así como la lucha por la independencia y la autonomía, sobre todo ante figuras de autoridad, lo cual suele generar conflictos en la familia y lugares de estudio y/o trabajo. Otras veces problemas originados en la infancia no se empiezan a manifestar hasta alcanzada esta etapa. Esto suele producir que el adolescente comience a ser más reservado, por lo que pueden darse más problemas de convivencia y comunicación familiares.
¿En qué consiste la terapia para adolescentes?
En la terapia con adolescente, el vínculo generado es de vital importancia, incluso tanto como el diagnóstico y las técnicas usadas durante el tratamiento. Una de las necesidades incipientes en la juventud es la de sentirse escuchada, comprendida y valorada para un desarrollo personal sano. De ahí que en terapia para adolescentes sea igual de importante el motivo de consulta como la forma en que la/el adolescente lo relata y la significación que le da.
Otro factor de vital importancia es el establecimiento conjunto de objetivos. El/la adolescente debe ser quien protagonice su proceso de cambio y establecer qué quiere lograr con el proceso terapéutico. La figura del terapeuta será un apoyo para esto. También es importante implicar a la familia en el trabajo terapéutico: cuando la terapia avance y se sientan cómodos, es beneficioso incluir a la familia para una mayor integración del proceso y mediar para un mejor entendimiento y relación familiar.
Por último, otro elemento a tener en cuenta es que la persona adolescente no siempre acude por cuenta propia, si no que a veces en enviada por su familia o derivada por una institución. Es importante tener en cuenta en estos casos que está en un contexto obligado, lo que puede generar más resistencias así como ubicar al terapeuta como una autoridad cómplice de quienes lo envían a una terapia que no consideran necesaria. En otros casos, si la problemática lo permite y la/el adolescente se niega a asistir a terapia, se puede realizar una terapia indirecta con los familiares para orientarlos e intentar que vaya a terapia por motivación propia, así como brindarles herramientas de apoyo y gestión de los conflictos.
La terapia en adolescentes se engloba principalmente en tres aspectos (San Martín y Barra, 2013):
- La relación con el sí mismo: aceptación de cambios corporales, construcción de la identidad, necesidad de adaptación.
- La relación con los otros: relación con el grupo de pares, conductas y habilidades sociales, relaciones íntimas y de pareja, exploración de la sexualidad.
- La relación con el mundo: aumento de la responsabilidad y la autonomía, reconocimiento de límites, falta de acompañamiento, consumo precoz de sustancias y otras adicciones.
Beneficios principales:
La terapia para adolescentes puede ser un gran factor de apoyo en la maduración de éstos, al desarrollarse dentro de un contexto de relación significativa de respeto y autonomía entre el consultante y el terapeuta. Es un espacio donde se les permite explorar creencias, prejuicios, conflictos personales y relacionales, descubrir sus cualidades individuales, aumentar el entendimiento sobre ellos mismos y la sociedad a la que intentan adaptarse. Consiste en posibilitar el desarrollo de un autoconcepto sano que les permita ser más autónomos para enfrentar los nuevos desafíos que les vayan surgiendo tanto en esta etapa como en las posteriores de su desarrollo.
- Aceptación de la imagen corporal.
- Aumento de la gestión emocional.
- Aceptación de la diversidad y aumento del autoestima.
- Mejora académica y profesional.
- Consolidación positiva de la personalidad e identidad.
- Integración y aceptación de los límites.
- Mayor adaptación al grupo de amigos y a la sociedad.
- Un sano contacto con la sexualidad.
- Mejora de la convivencia familiar.
- Prevención de conductas auto-saboteadoras.
¿Qué tratamos?
- Modificación de problemas de conducta
- Problemas de ansiedad: miedos, fobias, hábitos nerviosos, tics, obsesiones, manías
- Apatía, depresión y procesos de duelo
- Mejora del autoestima
- Adicciones: drogas, alcohol o nuevas tecnologías (internet, móvil)
- Trastornos de la alimentación
- Trastornos del sueño
- Trastornos del apego
- Altas capacidades
- Identidad de género y autoconcepto
- Orientación y exploración sexual
- Relación con el cuerpo y la imagen corporal
- Procesos de noviazgo: enamoramiento y ruptura
- Habilidades sociales: asertividad, aislamiento, impulsividad…
- Orientación vocacional y educacional
- Problemas de estudio
- Acoso escolar
- Problemas familiares: gestión de separaciones y crisis familiares, problemas de comunicación y convivencia.
- Cambios culturales
